LA VIUDA. FIN DE LA PRIMERA PARTE.

RUTH: ¿Sí?
ROMI: Soy yo, Romi  Adivina lo que encontré…
RUTH: Déjame ver… hubo más muertes anteriormente…
ROMI: Exacto. Y no fue hace un año, ni siquiera hace diez años. Se trata de un lugar de encuentros…
RUTH: ¿Encuentros?
ROMI: Sí; lugares donde suceden cosas extrañas… y peligrosas…
RUTH: ¿Fantasmas?
ROMI: Algo así… y por lo que he encontrado, no se trata sólo de ahora…
RUTH: Qué interesante…
ROMI: Así es. Te daré más detalles a las once. ¿Vas a ir, no?
RUTH: ¡Claro!

VOZ EN OFF: Mientras Romina trabajaba en su computadora buscando información, Ruth fatigaba las calles del Callao en busca de personas que supieran algo relacionado con las misteriosas muertes. La gran mayoría sólo les decía lo que había salido en los diarios. Finalmente, después de preguntar, tocar muchas puertas y recibir numerosas negativas, un sujeto algo cansado y entrado en años decidió contarle lo que a él le sucedió:  

TESTIGO: En el año 1975 yo trabajaba en una compañía de Lima, y tenía que levantarme a las cuatro y media de la mañana, todos los días; era una rutina muy pesada; y cada vez que salía por esta calle, justo aquí, casi siempre veía a una señora de negro, la cual se me cruzaba a la hora que yo pasaba, pero no le tomaba atención. Una vez le comenté a un señor que no camine por esa vereda porque estaba esa señora de negro, por cierto muy bonita; él, al principio, vio y dijo que no había nada, pero luego se volvió y realmente la vio y se hizo a un lado, hacia la otra vereda; al día siguiente le comenté a mi señora, y ella me dijo que había visto a la viuda de negro, y que tuviera mucho cuidado…

RUTH: ¿Y qué más?

TESTIGO: Nada, que desde ese momento ya no pasé por ahí, sino que tomé la otra calle; aunque era más largo el camino, ya no volví a verla…
RUTH: ¿No volvió a pasar ninguna otra vez por ahí?
TESTIGO: No…
RUTH: Vaya…
TESTIGO: Le rogaría que no diera mi nombre cuando esto se publique… es que… le dije a mi señora que no iba a prestar ninguna declaración.
RUTH: No se preocupe.
MANUEL: No hay señales de golpes, ni agujeros de bala, ni siquiera de sangre. Parece como si se hubieran caído al piso. Un desmayo…
CESAR: Un desmayo mortal… ¿Fueron drogadictos, o algo así?
MANUEL: No, ninguno de ellos. Aquí están las fotos. Como puedes ver, lucen pálidos… con los ojos abiertos. Nunca había visto algo como ésto…
CESAR: Parece como si la sangre hubiera escapado de sus cuerpos.
MANUEL: Se confirmó el diagnóstico de infarto de miocardio.
CESAR: Háblame en cristiano. ¿Ataque al corazón?
MANUEL: Sí. Paro cardiaco. Y tú sabes que los paros cardiacos casi siempre se producen sin hacer ningún ruido…
CESAR: …sí, lo sé.
MANUEL: No te vayas a meter mucho en ésto, César. Recuerda lo que está en juego… 
CESAR: Precisamente por eso quiero llegar al fondo del asunto. No me gusta la idea de entregar información a ciegas… y tampoco me gusta la idea de un fantasma que aparece y desaparece… y sobre todo que asesina.
MANUEL: ¿Pues, eso es lo que quieren, no?
CESAR: No lo sé…
MANUEL: Aquí está el reporte. Léelo aquí, no te lo puedes llevar.
CESAR: Gracias. Pensaba retirarme temprano.
MANUEL: Sólo haz lo necesario. Cuida tu puesto.
CESAR: No te preocupes, lo haré.


VOZ EN OFF: Romina se había quedado mirando la pantalla de su computadora, totalmente ida. Era la historia de un par de muertes, en el mismo lugar, hace más de setenta años. No se decía las condiciones en que fueron hallados los cadáveres, pero podía adivinarlo. Precisamente éso era lo que la ponía pensativa. Ruth, mientras tanto, regresaba a su casa con un remolino en la cabeza. Prefirió dar un paseo por el vecindario, para despejarse y ordenar sus ideas. El testigo le dijo a Ruth, casi al final, que la extraña señora aparecía con un perro negro, delgado, de mirada insoportable, y otras personas que también la vieron, dijeron que era como si la señora sacara a pasear al perro, para que tomara baños de luna…

CÉSAR: Bien. ¿Qué encontraron?
ROMI: Casi nada. Una extraña mujer de negro que pasea un perro del mismo color, que aparecía en las noches del Callao, cuando el distrito era apenas una zona urbanizada…
CÉSAR: ¿Muertes?
ROMI: Sí. Dos. Ambos varones. Nunca se supo qué les pasó. De ahí comenzó la leyenda, pero luego la extraña mujer desapareció y ya no se supo más de ella…
CÉSAR: …hasta ahora…
ROMI: Sí.
CÉSAR: ¿Ruth?
RUTH: Las personas que la han visto dicen casi lo mismo: una mujer de negro, de mirada penetrante, ojos gris claro, traje de tipo tul, a pesar de que era invierno, el perro siempre a su lado, mirándola y mirando a la persona si ésta se acercaba… por lo general, las personas se hacían a un lado y nada más…
ROMI: Pero parece que los que murieron se le acercaron demasiado…
CÉSAR: Mmm…
CÉSAR: Preparemos una incursión. Mañana en la madrugada. ¿Les parece?
ROMI: Sí…
RUTH: ¿Qué podemos decir? Ya estamos en ésto.
CÉSAR: Muy bien. No apaguen sus celulares. Sigan informándome sobre cualquier cosa que averigüen.